Morena, convertido en un revoltijo político que saca chispas

En un templete con vista al mar están juntos el expanista Germán Martínez Cázares y Manuel Espino Barrientos. Recorre el presidium Joaquín Díaz Mena, El Huacho, candidato a la gubernatura de Yucatán, quien saluda a cada uno hasta llegar al centro, donde le dirige una sonrisa el candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador.

La estampa sería inverosímil hace unos años. Ahora se repiten por todo el país, con las connotaciones y personalidades locales de cada caso, escenas así de imposibles no hace mucho, pues la coalición Juntos Haremos Historia, integrada por Morena, PT y PES importaron a muchos de sus candidatos del PRI, PAN y PRD, en este último caso quizás hasta desfondarlo.

Hace 12 años Manuel Espino era el dirigente nacional del PAN y Germán Martínez Cázares el estratega jurídico y miembro del war room de Felipe Calderón Hinojosa, que terminaría por asumir la Presidencia de la República mientras López Obrador denunciaba fraude electoral.

“Los de enfrente quieren un gerente, nosotros queremos un presidente (…). Yo no quiero para mis hijos un gerente que administre los privilegios desde el poder. Yo quiero para mis hijos, y tengo cuatro, un presidente que gobierne para todos sin distingo”, exclama Martínez Cázares, casi hasta desgañitarse, en una arenga que pide el voto para López Obrador.

Es 4 de mayo en Puerto Progreso, Yucatán. Apenas en marzo, Díaz Mena renunció al PAN para asumir la candidatura al gobierno de su estado por la alianza Juntos Haremos Historia.

Martínez Cázares recuerda ahí a su mentor, el extinto Carlos Castillo Peraza, el último ideólogo panista, originario de la entidad, convertida ese día en el lugar desde el que los dos exdirigentes nacionales del PAN aparecieron por primera vez con López Obrador juntos y en público. Espino es el que convoca:

“En todo el país estaremos promoviendo la adhesión de líderes sociales de organizaciones comunitarias, dedicadas a todas las tareas sociales de México para asegurarnos de sepultar con votos la corrupción.”

El llamado no es puro discurso. Por todo el país, la adhesión de personalidades del PRI y el PAN es notable en candidaturas a legisladores federales y locales, en los nueve gobiernos estatales que se renovarán de manera concurrente con la elección presidencial y en los mil 596 ayuntamientos.

La recepción de exmilitantes de todos los partidos es amplia, pero es el PRD de donde llegaron más hombres y mujeres que apenas hace unos meses ostentaban cargos públicos y de elección popular. Se pasaron a cualquiera de los partidos de la coalición Juntos Haremos Historia.

Entre septiembre de 2017 y marzo del presente año, los partidos que postulan a López Obrador importaron de otras formaciones políticas al 50% de los candidatos al Senado de la República.

Además, el 40% de las candidaturas a diputados federales fueron asignadas a exmilitantes de partidos ajenos a la coalición.

De las nueve candidaturas a gobiernos estatales, cuatro proceden de otros partidos, fenómeno que se reproduce en los municipios, de suerte que, sólo tomando en cuenta las capitales nueve de las 24 entidades que renovarán ayuntamientos, hay candidatos de diferentes fuerzas políticas con militancia reciente o bien con el rango de “externos” o “ciudadanos”.

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