El ocaso de una experiencia humana: La lengua Kiliwa

Comparto este texto que escribí como prólogo para el más reciente libro de Arnulfo Estrada sobre la lengua y la cultura kiliwa. El libro está por salir; sin embargo, a quienes lo financiaron -Gobierno del Estado- mi trabajo no les gusto quizá porque les digo algunas verdades, así es que no lo incluyeron. Y hoy comparto como una reflexión por la reciente muerte de José Cruz Ochurte, uno de los últimos hablantes de la lengua kiliwa, la que está a punto de extinguirse.

Carlos Lazcano Sahagún

La lengua kiliwa existe desde hace cuando menos cinco mil años, aunque sus raíces pueden rastrearse a unos nueve mil años atrás, cuando las familias yumanas empezaban a conformarse. En comparación, el español como lengua apenas empezó a formarse hace mil años y sus raíces se remontan a unos mil quinientos años atrás.

En nuestros días solo quedan cinco hablantes del kiliwa, seis si consideramos al autor de este libro, quien no es kiliwa.

El fin de la cultura kiliwa es inminente y la extinción de su lengua es un proceso ya irreversible. Miles de años de evolución de una gran experiencia humana, están a punto de perderse.

Toda extinción que nos empobrece es una tragedia. Normalmente se habla de la desaparición de especies de flora y fauna, de la extinción de bosques, selvas, manglares, etcétera, pero poco se habla del fin de experiencias humanas tan milenarias, de culturas y de lenguas, su rasgo más distintivo.

Se calcula que existen más de seis mil lenguas alrededor del mundo, hay quienes dicen incluso que son más de siete mil, pero de ellas más de la mitad se extinguirá en un plazo no mayor a los cien años. El kiliwa es una.

La diversidad lingüística es considerada parte de la diversidad biológica y debería ser respetada y defendida como uno de los derechos humanos. Más allá de que se considere a las lenguas como una herramienta de comunicación, representan un conjunto de conocimientos transmitidos a lo largo de cientos y miles de años. Cada lengua es una forma distinta de entender la realidad y forma parte de una experiencia humana irrepetible y sumamente valiosa. Es mucho lo que se pierde con cada lengua extinta, se trata de un desastre, una catástrofe, el fin de una práctica única.

En Baja California estamos viviendo esa tragedia. Todas las lenguas indígenas nativas se encuentran en peligro de extinción, pero de ellas el Kiliwa ya está técnicamente acabada, y no hay manera de revertir el proceso. El día que muera el último de los hablantes del kiliwa, habrá desaparecido esa cultura.

El contacto

El primer español que vislumbró el antiguo territorio kiliwa fue el navegante español Francisco de Ulloa, quien, en 1539, enviado por Hernán cortés, recorrió toda la costa del Golfo de California, tanto la de Sonora como la de la península de Baja California. En su diario no se registra ningún contacto, pero con toda seguridad su presencia fugaz no pasó desapercibida para los kiliwa. A todo lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII fueron varios los navegantes que pasaron frente a su territorio, pero en ningún caso se sabe de algún contacto.

El que parece ser el primer encuentro entre kiliwas y europeos se dio en marzo de 1766, cuando el jesuita Wenceslao Linck, misionero de San Francisco de Borja Adac efectuó una larga exploración al norte. Linck penetró al desierto de San Felipe y encontró una frontera lingüística cuando sus intérpretes cochimí no pudieron entender la lengua de la región.
Desde entonces los contactos se sucedieron y casi diez años después, en 1775, fue establecida la primera misión en su territorio ancestral, la de Santo Domingo de Guzmán o Santo Domingo de la Frontera, por los padres dominicos. Veinte años después, en 1794 sería establecida la misión de San Pedro Mártir de Verona, en pleno corazón del antiguo territorio kiliwa.

Los misioneros iniciaron profundos cambios en los grupos kiliwas, pero nunca lograron controlarlos del todo y gracias a ello pudieron subsistir como cultura aún mucho después del colapso del sistema misional, hacia la mitad del siglo XIX.

La conquista

La verdadera debacle de los kiliwa se inició con la independencia de México, lo que propició que poco a poco fueran perdiendo sus territorios. La conquista de los kiliwa por parte de los mexicanos fue mucho más contundente; se les despojó de prácticamente toda su tierra, lo que impidió que pudieran seguir desarrollando sus formas de vida ancestrales. Se les marginó, al igual que a todos los grupos indígenas de nuestro país, negándoseles todo tipo de servicios básicos y negándoseles su propia cultura. El trato que se les ha dado por parte del resto de la sociedad bajacaliforniana ha sido humillante, denigrante. Ha duras penas han llegado a este siglo XXI, pero ya no estarán para el siguiente. Su resistencia ha sido admirable.

La lucha de los kiliwa está a punto de concluir. Fueron devorados por una cultura depredadora, rapaz, que sigue negándoles la vida a todos los grupos indios de México. Me apena profundamente esa cara “conquistadora” de los mexicanos, mil veces más expoliadora y racista que la conquista española, pero esa ocurrió ya hace más de doscientos años. Y la “conquista” mexicana está ocurriendo en nuestros días, y una de sus consecuencias es la desaparición de los kiliwa.

Arnulfo

Existen personas generosas, no son muy visibles en un mundo donde el egoísmo parece ser el máximo valor. Arnulfo Estrada Ramírez, el autor de este libro, es una de ellas. Hace más de treinta años se dio cuenta del acelerado proceso de extinción que estaban viviendo los kiliwa y decidió hacer algo por ellos.

En ese entonces conoció a los últimos catorce hablantes de la lengua y con ellos inició un lento y paciente trabajo de ir registrando la lengua antes de que se extinguiera. Arnulfo sabía que ya nadie más podría enseñársela. En la medida que fue aprendiendo y registrando la lengua, sus informantes fueron muriendo. Hoy solo quedan cinco, todos mayores de edad, el más joven con más de cincuenta años.

Arnulfo es oceanólogo y ejerció su profesión durante muchos años. Pero paralelo a ello, y utilizando todo su tiempo libre fue conociendo y aprendiendo de los kiliwa. Visitaba con frecuencia sus comunidades, convivía con ellos y ellos le compartieron su pobreza, y también su lengua, la que hoy habla con igual soltura. Pero pronto ya no habrá nadie con quien pueda dialogarla.

Gracias a esta dedicación generosa y apasionada de tantos años, la lengua kiliwa no se perderá del todo. Quedan los registros, las grabaciones, las palabras, cada vocablo que Arnulfo fue registrando y anotando, describiendo su significado y mucho de los valores y significados que encierra. Este trabajo de Arnulfo resume esa experiencia milenaria del pueblo Kiliwa, la que tuvo una evolución de cuando menos seis mil años.

En un futuro cercano, cuando haya muerto el último de los hablantes del kiliwa y su cultura sea solo un recuerdo, este trabajo de Arnulfo será fundamental ya que será la base para entender lo que fue su lengua, el elemento más importante de su cultura.

En un país como el nuestro, donde hay una intención oficial de borrar nuestro pasado, de que se pierdan identidades y raíces, trabajos como el que nos presenta Arnulfo son sumamente valiosos. Además, su trabajo está fuera de la academia y muestra un compromiso que pocos académicos llegan a presentar. Los académicos no suelen salir de sus cubículos, menos los académicos mexicanos, con raras excepciones. Menos aún llegan a convivir con personas tan marginadas como los kiliwa y dejar constancia de una solidaridad profunda, como la que se percibe con este libro.

En un país tan profundamente racista y clasista como México, en donde se tiene a los grupos indígenas en la más baja escala social y se les sigue explotando y abusando cada día, destaca el nivel de compromiso de Arnulfo hacia los kiliwa, y por ende hacia los indios mexicanos. Su amor a los indígenas está lejos de la retórica, la que es constante entre los indigenistas, antropólogos y otros académicos y burócratas que dicen desgarrar sus vestiduras por los indios.

Testimonio

Este trabajo de Arnulfo es más que nada un testimonio. Ya nada puede detener la extinción de la lengua kiliwa y el mejor estudio para poder entenderla está en este libro. Desde luego, se complementa con los trabajos de Mixco y Ochoa Zazueta, pero la mejor comprensión de esta lengua nos la da Arnulfo. No por nada fueron tantos años, más de treinta, los que Arnulfo ha estado conviviendo con los últimos kiliwa.

Aquí se expresan las claves de una lengua milenaria, desarrollada por un grupo de personas que se adaptó maravillosamente a un medio tan hostil como lo es el de la península de Baja California, y aquí vivieron por más de seis mil años.

Las palabras expresan muchas de las formas de adaptación. Se habla de las historias, los mitos, las familias, las personas, la flora, la fauna, la medicina tradicional, la toponimia, y tantas cosas más que nos dejan ver muchas cosas de lo que fue la vida tradicional de esta etnia.

Es un gran trabajo que resume a todos los otros textos que ya ha publicado Arnulfo. Una gran experiencia que nos comparte y que ahora tan dignamente nos presenta.

Tan comprometido está Arnulfo con los Kiliwa que lo podemos considerar como parte de esos últimos representantes de esta etnia, ya que la conoce tan perfectamente como esos cinco últimos hablantes. Ya lo decíamos, él es el sexto hablante.

Con ellos, estos seis últimos hablantes del Kiliwa, morirá la cultura kiliwa. Pero, como lo decía, no morirá del todo gracias a los trabajos de Arnulfo Estrada Ramírez, con quien tenemos una gran deuda de gratitud todas aquellas personas que amamos este país, esta tierra y a sus gentes milenarias.

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