El lugar donde hacen cosas grandes con gente chiquita

Los estudiantes de primaria y preescolar de Ticul y poblaciones circunvecinas son privilegiados al contar con una biblioteca que es un modelo nacional de cómo inculcar en los niños de edades tempranas el amor por la lectura, la música y el ajedrez.

Bajo la visionaria dirección de Gonzalo Marín Gómez, “El Tigre”, un empresario que lleva en la sangre la pasión por el juego ciencia y el amor por los niños, la Biblioteca Municipal de Ticul logra algo difícil de creer: los pequeños, incluso los que no saben leer, presionan a sus maestros y directores de escuela para que los lleven a visitar ese recinto del saber.

Son cotidianas las visitas que hacen alumnos de colegios de la Perla del Sur y sus cercanías para conocer el lugar, de donde salen con nociones de lo que es el juego ciencia y la guitarra, así como lo maravilloso del contenido de los libros que ahí se resguardan.

No está solo “El Tigre” en esa noble causa. Lo apoya su mano derecha, el joven entrenador y guitarrista Rusell Cabrera Cach. Ambos están sobrados de paciencia, que es una virtud guerrera, y vocación para enseñar a los chiquillos.

Si ya de por sí era emocionante el recorrido de los menores por la biblioteca y el taller de juego ciencia, a cargo de Marín Gómez, ahora es más atractivo con la adquisición de un juego de ajedrez gigante, desplegado  en una palestra cuadriculada colocada en el piso.

Los trebejos, que hacen las delicias de los chiquitines, son de plástico muy liviano para que puedan levantarlos y jugar con ellos sin lastimarse. El paquete lo compró Marín con sus propios recursos y lo llevó a la biblioteca a sabiendas que causaría sensación entre los menores.

No se equivocó el veterano promotor de la milenaria disciplina en el Cono Sur. Los niños se alucinan con alfiles, caballos, torres, peones, damas y reyes y los maestros que los llevan tienen que esforzarse para controlarlos y evitar que se metan en el tablero de piso.

También hay dos guitarras de cartón de gran tamaño, que le sirven como telón de fondo a Rusell Cabrera para dar sus clases de guitarra, que también causan sensación.

Uno por uno van pasando los menores (el más reciente colegio que los visitó fue el kínder “30 de Abril”) para estirar las cuerdas de ese instrumento musical y sacar sus primeras notas.

Para los pequeños, las jornadas en la biblioteca son inolvidables. Un ejemplo inmejorable de cómo hacer cosas grandes con gente chiquita.

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