El desaire de Trump a la inmediata respuesta de México por los aranceles

El detalle, en el que pocos repararon, da cuenta de la importancia que Donald Trump le da a México:

El secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, estando en París en una cumbre ministrial de la OCDE, se enteró una hora antes de la decisión del gobierno estadunidense de imponer aranceles, a partir del 1 de junio, a las exportaciones mexicanas de acero y aluminio a Estados Unidos, de 25% y 10% respectivamente.

Guajardo operó rápidamente con su equipo en México, y minutos después de que el secretario de Comercio estadunidense, Wilbur Ross, hiciera el anuncio oficial, la Secretaría de Economía hizo pública la respuesta –que ya tenían preparada con antelación, según reveló el propio secretario mexicano– , en son de represalia, a la decisión de Trump, que también aplicó para Canadá y la Unión Europea.

Y la respuesta fue imponer aranceles también a productos provenientes de Estados Unidos como aceros planos (lamina caliente y fría, incluidos recubiertos y tubos diversos), lámparas, piernas y paletas de puerco, embutidos y preparaciones alimenticias, manzanas, uvas, arándanos, diversos quesos, entre otros, hasta por un monto equiparable al nivel de la afectación, que es de cerca de cuatro mil 200 millones de dólares.

Canadá y Europa se tardaron más horas en responder. La noche del jueves, en conferencia de prensa, el primer ministro, Justin Trudeau consideró que las medidas adoptadas por el gobierno de Trump eran “totalmente inaceptables” y una afrenta a las relaciones entre ambas naciones, especialmente “a los miles de canadienses que han luchado y muerto junto con sus hermanos estadounidenses en armas”.

Y amenazó con responder en la misma proporción y litigar el asunto en la Organización Mundial del Comercio, en las instancias jurídicas propias del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) e, inclusive, a nivel bilateral. Lo mismo hicieron los países europeos, particularmente Alemania, que manifestó con mayor contundencia su repudio a los aranceles de Trump.

El caso es que, y ahí viene el detalle, que ni Donald Trump ni nadie de su gobierno hizo caso de las críticas de México y su respuesta inmediata.

A Trump sólo le mereció la pena contestarle a Trudeau. Por su tradicional vía, su cuenta de Twitter, dijo que Canadá ha tratado muy mal, restrictivamente y por muy largo tiempo, a los agricultores y al mismo mercado agrícola norteamericano Y exigió: “Deben abrir sus mercados y derribar sus barreras comerciales! Reportan un superávit realmente alto en el comercio con nosotros”.

Para México ni un comentario…hasta el viernes.

Los aranceles para el acero y el aluminio, así como para los demás productos decididos por México, no significan ni el 2% del total del comercio entre México y Estados Unidos, según el Secretario de Economía, quien sugirió que si bien los dos países pierden en la misma proporción, para Estados Unidos fue un auténtico balazo en el pie, pues ellos son superavitarios en acero y aluminio con México y afectarán a las muchas y muy diferentes empresas que usan esos insumos.

Más allá de las cifras y de que Trump haya ignorado la respuesta de México, para los industriales nacionales, si el conflicto comercial escala a niveles cada vez más altos, se podría poner en jaque al sector, por la ausencia de una política industrial que permita blindarse ante decisiones como la del republicano.

La Confederación de Cámaras Industriales (Concamin), lo resumió de esta manera al fijar su postura:

“Esta determinación de Estados Unidos muestra la necesidad de contar con un proyecto de desarrollo industrial que favorezca el contenido nacional y la integración productiva de cadenas de valor para no estar sujetos a cambios unilaterales que puedan suscitarse de cualquier país”, señaló el organismo empresarial presidido por Francisco Cervantes Díaz.

Y quien de plano encendió las luces de alarma fue la Cámara Nacional de la Industrial del Hierro y del Acero (Canacero) que advirtió en un comunicado, “dado el rompimiento de las reglas de mercado y las distorsiones que se generarán a partir de ello, el gobierno de México debe estar preparado para adoptar las medidas adecuadas e inmediatas ante sus efectos, a fin de evitar que esta problemática se traduzca en cierre de empresas y la pérdida de decenas de miles de empleos”.

Se trata de declaraciones del organismo que tiene como socios a empresas prominentes como Altos Hornos de México, de Alonso Ancira; DeAcero, de Raúl Gutiérrez Muguerza; Tenaris Tamsa, en la que Guillermo Vogel es vicepresidente; Tubacero, de Jaime Woldenberg Marcovich entre otras.

El jueves 31 de mayo el anuncio de la imposición de los aranceles para estos productos claves en la industria como la construcción y la automotriz, también noqueó al peso mexicano, que tuvo su segundo peor nivel en lo que va del 2018: El dólar se cotizó hasta en 20.35 pesos en ventanillas bancarias, lo que significó un desplome del 6.51% respecto la sesión anterior.

Para el presidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), Gustavo de Hoyos Walther, quien participa activamente en la renegociación del acuerdo comercial, el anuncio de Trump, tiene miras de “guerra comercial” global, pero también “es un ingrediente negativo” en los cuartos de negociación del TLCAN.

“Desde luego, no se puede negar que esto es un obstáculo, es un tropezón importante, pero hay que preservar la negociación para lograr, tan pronto como se pueda, concluirla y mantener el tratado en vigor. Ciertamente es un ingrediente negativo y genera pesimismo en el proceso de negociación, pero hay que seguir encontrando acuerdos en otras áreas”, señala en entrevista telefónica.

–¿Existe presión para acelerar las negociaciones en ciertos temas atorados en la renegociación?

–Es muy difícil precisarlo. Hace tres meses se pusieron esas medidas para otros países –como China–, mientras que México y Canadá quedaron exentos, argumentando que se estaba en proceso de negociación. Precisamente cuando Wilbur Ross habló esta semana, sobre el tema, señaló que el hecho de que se hayan aplazado reflejaban el poco avance de las negociaciones. Si hay una relación causa-efecto, imposible negarla, más sin embargo, me parece que esta medida ilógica va mucho más allá de la zona de renegociación del Tratado. Estaba en el escenario y se dio.

Nueva realidad

En efecto, para el director del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (IDIC), José Luis de la Cruz Gallegos hay una nueva realidad en el tablero de ajedrez comercial, además de una nueva tendencia en la globalización que también deja ver el abandono de la política industrial de México en las últimas décadas.

Entrevistado en su oficina, enclavada en la zona industrial de la colonia Granada, en la Ciudad de México, el también presidente de la Comisión de Estudios Económicos de la Concamin apuntó:

“Trump no nos ha mentido. No nos gusta lo que está diciendo, mucho menos lo que está haciendo, pero al final del día desde que era candidato del Partido Republicano mencionó que no le parecía cómo se había configurado el libre comercio al que Estados Unidos había entrado, que lo iba a revisar, que se iba a salir del Tratado de Asociación Transpacífico (TTP) y que iba a revisar el TLCAN, así como la relación con China.

“El problema fue que no le creímos. Aun cuando asumió la presidencia se subestimaron los cambios que él quería hacer. Entonces, el primer problema que enfrentamos es que al no creerle nos llevó a perder tiempo y no generamos una estrategia contingente para enfrentar este desafío”.

De acuerdo con el especialista “Estados Unidos ya venía buscando proteger a los productores de la competencia desleal de China. Lo que me parece es que Trump utiliza esto para presionar a Canadá y México y negociar rápidamente, favoreciendo los términos de los propios norteamericanos el TLCAN. Al final del día Trump sabe que nuestro país, no es peligro en términos de acero para la seguridad nacional, nosotros somos deficitarios en acero, aluminio y en sus productos manufacturados”.

Según información del Census Bureau de Estados Unidos, durante 2017 México exportó a Estados Unidos mil 972 millones de dólares clasificados como fundición de hierro y acero. Ello representó solo el 6.21% del total de importaciones norteamericanas en dicho sector. Mientras que el saldo comercial con México fue favorable para los estadunidenses por dos mil 766 millones de dólares.

En el mismo periodo, México exportó cuatro mil 532 millones de dólares de manufacturas de hierro y acero a Estados Unidos, lo que representa 11.6% del total de lo que ellos compran.

En suma, la balanza comercial fue positiva para la primera potencia del orbe por 665 millones de dólares con la economía mexicana, mientras tuvo un déficit con China por 11 mil 600 millones de dólares.

En el caso del aluminio y sus manufacturas Estados Unidos registró un superávit con México de dos mil 810 millones de dólares y con China un déficit de dos mil 50 millones de dólares.

Según el reporte elaborado por el IDIC, publicado esta semana y titulado Guerra Comercial en América del Norte: ¿Acero y Aluminio anuncian fin del TLCAN? para México el mensaje es claro:

“La apertura comercial se modificará, hay una nueva tendencia en la globalización, incierta por su naturaleza. El combate a la competencia desleal y al incumplimiento de los acuerdos comerciales que no se quiso dar hace unos años hoy es inevitable. El gobierno mexicano y los propios candidatos a la primera magistratura deberán tener un plan contingente para enfrentar la nueva realidad”.
El especialista considera que el problema es estructural.

Explica: “México se conformó con que la mitad de sus exportaciones estén dominadas por la maquila, es decir, ensamblar. No tiene mayor participación en la innovación, en la transformación de muchos de sus insumos, hoy los insumos que compramos a otros países superan los 300 mil millones de dólares, que para darnos una idea esto es el equivalente al 30% del PIB del país. ¡Nada más en insumos intermedios!”, dice el también doctor en Administración en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM).

El costo de delegar el crecimiento en EU

De acuerdo con el texto titulado Hacia un Plan Nacional de Desarrollo Industrial para México, elaborado por De la Cruz Gallegos, junto con la profesora e investigadora de la Universidad Anáhuac, Derna Vanessa Veintimilla Brando, enmarcado en la obra México 2018. La Responsabilidad del Porvenir, editado de manera conjunta por el IDIC, el Colegio de México y el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), las consecuencias son graves.

“Al no incorporarse una nueva visión productiva, que vaya más allá del comercio internacional, el resultado de la renegociación –del TLCAN– será limitado y para México representará el costo de ‘dormirse en sus laureles’, una factura que incidirá sobre la economía y sociedad mexicana”.

Constituye, acota, el costo de haber delegado la responsabilidad del crecimiento al comercio con Estados Unidos.

En otras palabras, la consecuencia natural de la “monoglobalización” mexicana fue el hecho de tener muchos tratados comerciales firmados en donde solo uno genera un intercambio económico vigoroso, que es el TLCAN.

El profesor de cátedra en el Doctorado de Ciencias Financieras de la EGADE Business School explica a Apro que “esto nos habla de la ausencia de una política industrial que fuera, sí, de reconocer que la globalización era un hecho, pero que tenía que aprovecharse la globalización con un punto de vista de interés nacional, es decir, de fomento a nuestras empresas, de generar encadenamientos entre las mismas, fundamentados en productividad, en un entorno de mayor competitividad”.

En este entorno, los mayores desequilibrios del déficit comercial de México se encuentran en los sectores manufactureros de Plástico; Máquinas, aparatos y artefactos mecánicos, reactores nucleares, calderas; partes de estas máquinas, equipo de cómputo; Fundición, hierro y acero, Productos químicos orgánicos, Aluminio y sus manufacturas; Máquinas, aparatos y material eléctrico, y sus partes; aparatos de grabación o reproducción; entre otros.

“La mayor parte del déficit se da en productos estratégicos para la producción industrial y es el resultado de la importación de insumos intermedios y bienes de capital que representan la ruptura de cadenas productivas y explican el bajo contenido nacional de las exportaciones. En estos sectores en donde se debe trabajar para reducir los desequilibrios comerciales que tiene el país con el mundo”, plantea De la Cruz Gallegos.

No obstante, la concentración es mayor con respecto a los países destino: cinco naciones adquieren el 87.3% de las exportaciones mexicanas: Estados Unidos, Canadá, China, Brasil y Colombia, sin embargo, solo uno concentra el 81% de las mismas: Estados Unidos.

Y eso que somos uno de los países más abiertos y con un mayor número de acuerdos y tratados comerciales en el mundo.

Finalmente, sobre el impacto de los aranceles en la renegociación del TLCN, el presidente nacional de la Coparmex, Gustavo de Hoyos, confía en que Estados Unidos continúe en la mesa de renegociación del Tratado.

“En primer lugar. Lo que se puede destacar es que mientras duran las negociaciones, el tratado está en vigor y eso es bueno para México; lo que se ha avanzado hasta la fecha hacen poco probable, no imposible, que Estados Unidos se retire del acuerdo. En segundo lugar, han sido muchos los legisladores, líderes empresariales, especialistas norteamericanos que dicen que sería impensable abandonar el acuerdo”, señala.

Luego, concluye en entrevista:

“Lo que se ha logrado de manera contundente en los últimos meses es que los grupos de poder, los sectores económicos de ese país están alineados en su inmensa mayoría en mantenerse en el tratado. Yo veo remoto que a estas alturas, se pueda retirar Estados Unidos”.

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