AMLO, Peña, encuestas y “Riqui Riquín Canallín” en el “show” de Anaya en la Ibero

“Les dije que esta era la parte buena del show”, soltó el sonriente candidato Ricardo Anaya para escabullirse de preguntas sobre su entusiasta apoyo a reformas de Enrique Peña Nieto.

“No, es un intercambio”, lo corrigió el periodista Jorge Ramos, en desacuerdo con la denominación de “show” a un interrogatorio periodístico ante la comunidad de la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México.

En efecto, al iniciar su participación en la institución jesuita –ubicada a unos metros de la Expo Santa Fe, donde inició hace dos meses su campaña presidencial–, Anaya Cortés advirtió que Ramos era un entrevistador duro.

“A ver cómo me va al final. Prometo, pase lo que pase, no voy a ir al baño”, aclaró en referencia al desenlace de la visita de Peña Nieto como candidato, en 2012, cuando se encerró ante la repulsa estudiantil que inauguró el movimiento Yo Soy 132.

Único candidato con posibilidades de triunfo que no tuvo miedo de asistir a la Ibero, como retaba la invitación, el panista se desempeñó con soltura en su exposición inicial de media hora, la misma que hace en cada auditorio.

Y luego respondió las 12 preguntas que le formularon estudiantes de licenciatura y dos de preparatoria, las más notables, al término de las cuales enfrentó el incisivo interrogatorio de Ramos.

Anaya, candidato de la amorfa alianza de los partidos Acción Nacional (PAN), de la Revolución Democrática (PRD) y Movimiento Ciudadano (MC), fue recibido en la Ibero con vítores de un grupo de simpatizantes que lo despidieron, al cabo de dos horas, con aclamaciones de “¡Presidente, presidente!”.

No fueron los únicos gritos: Hubo también quienes se le aproximaron gritando loas a Andrés Manuel López Obrador –“¡Es un honor estar con Obrador”!– y seis jóvenes con pancartas exigieron la aparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa.

Ha sido el único encuentro entusiasta de Anaya con estudiantes, porque ni siquiera hubo ese ánimo en el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), también jesuita, al arranque de la campaña, que va a la baja.

Encuestas

De eso se ocupó Ramos, cuando faltan tres semanas para el fin de la campaña presidencial y le preguntó que todas las encuestas lo colocan lejos de López Obrador, el puntero.

–Todo parece indicar que va a perder. ¿Qué ha fallado? ¿Por qué van mal?

–Yo he tenido una constante en la campaña: No he descalificado ninguna encuesta. Te digo lo que yo creo. Te ofrecí contestar con la verdad: Estoy absolutamente convencido de que vamos a ganar la elección y que vamos a lograr un cambio profundo para el país.

Engallado por los aplausos, el panista insistió en que ganará y que las encuestas “se están contradiciendo”.

–No, porque en todas va perdiendo usted.

–No en todas.

–¿En cuáles no?

–No, nosotros tenemos… Mira, Jorge, más allá de lo que se publica…

–¿En cuál no va perdiendo?

–Nosotros tenemos nuestras propias mediciones. Imagínate una campaña presidencial que no tenga mediciones propias.

–¿En cuál va ganando usted?

–En algunas mediciones nuestras.

–¿Va ganando en alguna?

–Y vamos a ganar. No tengo ninguna duda. Te lo digo con honestidad.

–¿Usted tiene mediciones internas que indican que usted va a ganar?

–Sí.

–¿Las puede hacer públicas?

–Sí, claro que se puede hacer público, pero no vamos a caer en la guerra de encuestas. Faltan 26 días para que la gente salga a votar.

En realidad, según parte de su equipo de campaña, Anaya está a siete puntos de López Obrador en la única encuesta interna de su campaña, la que realiza el consultor Roberto Trad, pero otros de sus allegados admiten que la diferencia es de “dos dígitos”. Y en ninguna encuesta gana.

Inclusive, hoy se difundió la encuesta de GEA-ISA, que el 10 de mayo colocó a Anaya a cinco puntos de López Obrador y ahora la ventaja de éste subió a 14 al pasar de 29 a 37, mientras que el panista de 24 pasó a 23.

Sobre corrupción

La adversidad de los números se dibujaba en los rostros adustos de los colaboradores de Anaya, a quien, por vez primera, lo acompañaron a un acto público sus dos coordinadores: Jorge G. Castañeda y Santiago Creel.

Serios, también, Agustín Basave, Emilio Álvarez Icaza y Rubén Aguilar, miembros de la comunidad de la Ibero, así como Alfredo Figueroa y Salomón Chertorivski.

Aun así, Anaya se mostró confiado en ganar, algo que quiso transmitir en su participación ante la comunidad de la Ibero, ante la que respondió a preguntas que lo obligaron a definiciones.

Una de ellas la formuló la joven preparatoriana Martha Tiana, quien le preguntó si dejaría impune la corrupción del gobierno de Peña si el priista José Antonio Meade declinara por él. “De ninguna manera, bajo ninguna circunstancia”, respondió.

–¿Ni después del tercer debate?– terció Ramos.

–De ninguna manera. No, y por una razón muy simple: porque representamos exactamente lo contrario. Porque él representa la continuidad de este gobierno y yo aspiro a representar un cambio profundo, completamente diferente.

Más adelante, rechazó cualquier alianza con Peña Nieto, a quien calificó de “corrupto” y reiteró que lo metería a la cárcel por corrupción.

Ante una pregunta específica, Anaya se refirió a la corrupción que involucra a los diputados de su coalición, Jorge Romero (PAN), Mauricio Toledo y Leonel Luna (PRD), señalados por desviar millonarios recursos para la reconstrucción por el terremoto del 19 de septiembre del año pasado.

“Hay muchas sospechas de que recursos que debieron haber llegado a los damnificados han ido a parar al bolsillo de corruptos… Toda la corrupción es imperdonable, pero más un recurso que tenía que haber llegado a un damnificado”.

Más adelante, ante las preguntas de Ramos, Anaya insistió en que no es candidato de la continuidad, pese a que fue subsecretario en el gobierno de Felipe Calderón y como diputado federal del PAN avaló las reformas del Pacto por México.

–Pactar con el presidente Enrique Peña Nieto, ¿eso no es continuidad?

–De ninguna manera. Yo no pacté nada con él.

–Usted apoyó las reformas del presidente Peña Nieto.

–No.

–Por supuesto que sí, hay fotografías de usted aplaudiéndole a Peña Nieto.

–A ver. ¿Por qué no me dejas contestar las dos cosas? Les dije que esta era la parte buena del show.

–No. Es un intercambio.

–A ver. Yo voto a favor de lo que es bueno para el país y voto en contra de lo que creo que es malo para el país.

El candidato panista reiteró que está en contra del aborto, aunque se opone también a criminalizar a la mujer. Se pronunció a favor del uso de la mariguana terapéutica, pero en contra de la recreativa. Y dijo que iría a la boda de su hijo si fuera homosexual.

Jorge Ramos le preguntó sobre el segundo debate y lo que López Obrador dijo de él, como el apodo de “Riqui Riquín Canallín”:

“Me da, de veras, un poco de pena ajena el que alguien que aspira a ser presidente de México se conduzca de esa manera, porque un debate presidencial no es un concurso para bufón del pueblo ni una competencia para ver quién pone los mejores apodos”, respondió.

Al final, como lo hizo desde el principio, Anaya se mostró en extremo elogioso con Ramos, conductor de televisión en Estados Unidos, y en contradicción con su conducta excluyente a medios que le son críticos, expresó:

“Jorge, te reitero mi respeto y mi admiración por lo frontal que eres en el ejercicio del periodismo, creo que eso es absolutamente sano para la democracia”.

 

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