Pese a que es una manifestación con mucho arraigo desde épocas remotas, el Hanal Pixan, ya no es la tradicional mezcla de las culturas maya y española, sino que también es víctima de la modernidad, incluso en nuestro estado se celebra en fechas distintas, según la región de que se trate.
Esta condición hace que la tradición ya no se respete y en los altares dedicados a los fieles difuntos aparezcan elementos que se pueden considerarse ajenos, incluso los hay que ya no tienen presencia, aquellos que provenían del medio natural, como el polbi che´e; el x´ponpox tzimin, un fruto silvestre que se usaba como juguete; el pich toni, fruto del tamaño de una grosella, al que se le hacía agujeros y se le colocaba un hilo para hacerlo silbar; ademas del Ox ak, que se recolectaba para realizar collares y ofrendarlos en los altares.
La modernidad absorbe poco a poco la antigua tradición y ya no se ven en los altares juguetes como canicas, trompos, kimbomba, tinjoroch, aunque si aparecen todavía los silbatos de barro y algunos juguetes de ese mismo material.
El cambio es tal que hasta la mesa donde nuestros ancestros realizaban sus ofrendas ha cambiado; pasó del tazch´e, que se tapizaba con hojas de booh, que por cierto también se utiliza para la elaboración de los tradicionales pibes, a la mesa de madera que se utiliza en la actualidad.
De la misma forma el camino al altar de la ánimas ha cambiado y ya son pocos los que ponen ceniza en el sendero, a fin de que las personas puedan comprobar si vino o no su difunto, según la creencia.
Las velas que se prendían a las puertas de las viviendas donde se realizan estas festividades son también cosa del pasado.
Otra de las creencias poco a poco en desuso, es que una semana antes del Día de Muertos, las personas que tienen difuntos, limpiaban el solar de sus casas, la casa debía quedar limpia, incluso sin ropas sucias en el lavadero, pues se tenía la creencia de que los difuntos harían este trabajo si sus familiares no lo hacían.
En cuanto a poner una mesa chica o banqueta a un lado del altar principal, para los difuntos desconocidos, o ánima sola, también cae en desusó, al igual que el recuerdo de los ancestros que murieron por la vía del suicidio (generalmente por ahorcamiento) a quienes se les recordaba nada más con jícara llena con agua y una soga enrollada.
De igual modo, son pocos los que ya terminados “los finados” acuden al cementerio con los restos de las velas de los difuntos y lo prenden en la tumba a fin de alumbrar el camino de los muertos durante su regreso al más alla.´