Se les puede ver durante la mañana y la tarde, a las puertas de los templos religiosos, en el parque principal, el mercado, por las calles recorriendo las casas y hasta en las cantinas, su santo y seña es uno sólo: saben estirar la mano para pedir dinero, en muchos casos tratando de buscar la conmiseración de las personas, pero muchos de ellos en realidad usan el dinero que recaudan para otro fines; son pues los típicos limosneros con garrote.
En esta comunidad del sur del estado, cruce obligado de caminos y unos de los municipios con vida propia, económicamente hablando, en Yucatán, decenas de limosneros, hombres y mujeres, menores de edad o ancianos, -unos con razón y otros no tanto- han hecho de la “actividad” toda una industria, que en muchos casos les deja más dinero que el que pueda recaudar en una jornada de trabajo, por ejemplo, un tricitaxista que pedalea de sol a sol.
Desde los clásicos limosneros, los que andan con alguna bandejita o estirando la mano, invocando a Dios, a los Santos o a las Vírgenes por una moneda o un taco, hasta los “originales”, aquellos que se crean algún letrero, los que piden a nombre de alguna institución de beneficencia, los que andan con una vieja y desgastada receta médica o los que tienen vendaje que supone alguna herida o enfermedad, los pordioseros abundan en esta Huerta del Estado.
Algunos de ellos, sobre todo los que van a las cantinas, ya son conocidos y reconocidos y aunque prácticamente nadie sabe sus nombres, el hecho de que no les den dinero, los mueve a portarse groseros, mentar madres o faltarle el respeto a la gente, como ocurre con varios que recorren las calles de la comunidad y a quien hemos sorprendido “chupando trago” en pueblos vecinos, a donde llegan sacando la abundante moralla, para darle duro y tupido a las bebidas espirituosas.
Es el caso de un sujeto, oriundo de Tzucacab, quien suele pedir limosna por el centro de esta comunidad y quien ante alguna negativa tiene la costumbre de punzar a la personas con sus dedos o bien tratar de sujetarlas, sobre todo si son mujeres, lo cual tiene sus beneficios –para él- pues la gente a fin de evitar el bochorno prefiera darle unas monedas
Por supuesto, el fulano obtiene sus buenas ganancias, y ante la sospecha de que se hace “al pato” el reportero lo siguió hasta la comunidad de Teabo, lugar en el que le sorprendió libando en una cantina del centro de la villa, donde incluso le dieron su tanda unos sujetos que encontraban en una mesa, con los cuales “conversó” por medio de señas (es mudo, supuestamente)
Al igual que él, decenas de limosneros, algunos de ellos con el clásico “caridad para los gemelos” (unos gemelos de los cuales por cierto no hacen acto de presencia ninguno), o acompañados por lazarillos o niños recorren diversos lugares tratando de obtener sus ganancias, en una suerte de industria que se nutre la mayor parte de las veces de la buena fe de las personas, particularmente en el mercado 20 de noviembre, donde decenas de limosneros recorren los puestos estirando las manos en busca de una monedas.
La mayoría de ellos son de otros municipios, y viajan al despuntar el alba a esta comunidad y se retiran ya entrada la tarde o noche, abordando taxis o autobuses hacia sus lugares de origen.
Uno de ellos es un sujeto al que ya no se le con tanta frecuencia en la comunidad, un fulano que finge ser ciego, oriundo de Tekax. Otro es un fulano que arrastra un pie y a quien el muchas ocasiones le han gritado “déjate de hacer al pendejo”, pues según las malas lenguas hasta rancho tiene en su natal Tekit. De igual manera recorre las calles una mujer vestida a la usanza regional, por lo general acompañada de algún menor de edad, quien al recibir un peso o menos acostumbra mentar madres por la limosna recibida.
A sabiendas de que varios limosneros en realidad son unos timadores, mucha gente ha optado por no darles nada o bien ofrecerles algo de comer en vez de dinero. Los que en realidad viven de la caridad, aceptan de buena gana y los que no se retiran, a veces en medio de un mar de groserías.
La mayoría de estas personas no son oriundas de este municipio, el cual proporciona por medio del DIF ayuda a las personas que no tienen incluso para comer.
A la horda de limosneros, se suma también la de teporochos, a los cuales es posible encontrar por diversas calles del primer cuadro, pidiendo igualmente limosna, trabajando de “viene-viene” o hurgando entre la basura para obtener algo de comer.