“Si no propones, no critiques”
Uno de las cosas que siempre escucho es: “Si no propones, no critiques”. Parece que la crítica, de la que hacemos ejercicio en este blog, solo es sana y aceptada cuando se acompaña de una solución, de una propuesta. Pero hete acá que pienso que no debe ser así.
Daré un ejemplo: No necesito saber cómo se soluciona el problema del caos vial en el primer cuadro de Ciudad Silvestre para poder emitir una crítica. No necesito saberlo porque no me corresponde ni me pagan para hacerlo (como sucede con quienes nos gobiernan y no hacen bien su trabajo; un trabajo por el cual les pagan, y les pagan muy bien). Lo que si me corresponde, y eso precisamente es lo que hago, es mostrar, en la medida de mis posibilidades y con los consabidos riesgos, el cómo o porqué funcionan las cosas mal.
“Si no propones, no critiques”. Quien dice lo anterior tiene detrás de si el peligro de la conformidad, el peligro de no atreverse a decir no; a decir no, simplemente por que sí.
Tenemos el derecho de decir no me gusta esto o aquello, aún sin propuestas viables porque de ese modo se presiona a los que deben mandar a rectificar lo malo, y esa debe ser una de nuestras funciones como ciudadanos.
Criticar sin proponer, pese a que pueda caer mal, es el arma que tenemos los ciudadanos para hacer saber nuestra inconformidad, particularmente en aquellos asuntos que son de carácter público.
Así, pues, ignoren aquello de “Si no propones, no critiques” y hagan uso de su derecho a decir lo que piensan o sienten. No más, no menos,