Si pudiéramos leer muchísimas cartas que dirigen a Santa los niños y, porque no, tal vez los mayores, en la mayoría de ellas se enumerarían regalos de cualquier índole; muy pocas, en cambio, recordarían el verdadero espíritu de la Navidad.
En la tradición cristiana, el nacimiento del Niño Dios para redimir al mundo, y la obra de San Nicolás, esa de ayudar a los niños pobres, fueron el origen de los obsequios que se reciben en la Nochebuena.
Con el paso de los años y el devenir de las épocas, el sentir de la Navidad se ha perdido, devaluado, a un simple regalo, como los de ahora: un teléfono celular, un videojuego. etc. etc.
Cierto no podemos negar que la cosa va de la mano con el tiempo que nos tocó vivir. Recuerdo que en mi infancia los regalos fueron: trompos, tamboras, camioncitos, baleros, y otras cosas que ahora bien podrían considerarse tradicionales o extintas.
Sin embargo, la modernidad por un lado, y la tradición o religión por el otro, no nos deben hacer olvidar que la verdadera Navidad, está en el espíritu de esperanza y de paz de todos, hombres y mujeres. El espí­ritu de la Navidad es, pues, nuestra energí­a positiva, esa que nos da las ganas de ordenar nuestras vidas, repasar nuestros actos, regalar afecto, abrazar a todo el mundo. Es un sentimiento que parece no tener explicación, porque eso es precisamente el espíritu de la Navidad: una energí­a muy propicia para conectarte con proyectos, con planificar para el año entrante; una energía que nos invita a crecer, creer y a atraer mucha magia a nuestra vida.

FELICES FIESTAS HIJOS DE LA CHINGADA
FELIZ NAVIDAD
INMENSAMENTE AGRADECIDO CON USTEDES, TRES, CINCO O DIEZ, QUE SIEMPRE NOS LEEN.
GRACIAS POR ESTAR EN LINEA, ATENTOS SIEMPRE A NUESTROS DESMADRES