No sorprende la noticia del regreso a la arena politica, por el Partido Acción Nacional, de los ex regidores Héctor Chitonil” Pacheco y Amir “Chakiras Pacheco, así como el de la actual regidora -llegó al cargo postulada por el Partido del Trabajo, como parte de la coalición Todos Somos Yucatán- Antonia Magaña, quienes junto con Ramiro Espinosa, Gerardo Granados y Silvia Carrillo, todos ellos trasfugas de Acción Nacional en el trienio anterior, lo que sorprende es que pretenden erigirse en los grandes salvadores del PAN con miras a las próxima elecciones, cuando que fueron ellos mismos los que con sus acciones de divisionismo y pleitos internos llevaron a su propío partido al abismo en el 2007.

Todos ellos, apoyados en la idea de que son la mejor opción dentro de un deshauciado PAN a nivel municipal, que baraja la candidatura de tres fulanos: Antonio Canto, Gónzalo Gonzalez y el propio Ramiro Espinosa, pretenden hacer creer a los panistas primero, y a la ciudadanía después, que pueden funcionar como autoridades, cuando que en la práctica, los hechos así lo demuestran, todos ellos han sido auténtica nulidad como representantes populares, como militantes de su propio partido, o como suspirantes por la presidendica municipal.

En este municipio, Acción Nacional, al menos en la facción que dominan individuos como Elmer Baeza, Amalia Peñaloza, Francisco Salazar, Juan Hutzil, Carlos Romero, María Pech, Luis Magñana, Javier Góngora, Fernando Ramírez, Cornelio Romero y José Góngora, entre otros panistas, neopanistas, no están dadas las condiciones ni las oportunidades para que dentro de este grupo, y los ya mencionados arriba, surja una figura que pueda aglutinar a su alrededor al verdadero panismo, hoy dormido por la traición que el mismo Comité Estatal, encabezado por Magaly Cruz, hizo a los blanquiazules en el municipio, al nombrar a un usurpador, Cornelio Romero, como delegado municipal del partido, igonrando al verdadero panismo que se aglutina en torno a la figura de Freddy Domínguez Aké.

Héctor “Chitonil” Pacheco y Amir “Chakiras Pacheco, fueron regidores en la pasada administración y ambos se caracterizaron por su ineficiencia, ignorancia e incapacidad para ejercer sus regidurías, el primero como consejal de Educación, Cultura y Deporte y el segundo como edil de Servicios Públicos Municipales.

Su inoperancia fue a tal grado que en un ocasión el entonces alcalde, Miguel Carrillo Baeza, los tildo de “estúpidos y pendejos”, como se publicó en su oportunidad; incluso el ex primer edil fue más allá y dijo que aquel que el el futuro emitiera un voto por alguno de estos, ahora que pretenden ser regidores otra vez, “con todo respeto que chingue a su madre, porque sólo un pendejo puede votar por otro pendejo.”

De Antonia Magaña, nada bueno se puede decir. pues en su calidad de regidora en la actual administración, se ha caracterizado por su mutismo ante las trapacerías del alcalde Juan Martín Briceño, y porque en pago a su silencio hasta beneficios ha obtenido para su familia, como el caso de su hijo, Hugo Hernández Magaña, quien figura en una lista de benficiarios con dineros públicos.

Para no ser menos, Gerardo Granados, no sólo mostró lo ineficaz que puede ser como regidor, sino que también demostró que en México se es posible ser regidor sin siquiera saber leer y escribir, pues en su calidad de analfabeta, ejerció como tal en el periodo de Gualbero Ayora Cámara (2001-2004).

En cuanto a Ramiro Espinosa, éste pese a ser candidato a regidor en un partido distinto al PAN, pretende regresar al blanquizaul como si nada pasara, necesitado el PAN de “figuras de peso” como el en el municipio, cuando en realidad representa poco o nada para el ese partido, pues si este aplica sus estatutos, Ramiro Espinosa queda inhabilitado para ser candidato, debido a que contendió como regidor en contra de Acción Nacional.

Mientras esto pasa, salta a la palestra el comerciante y frustrado empresario constructor de obras públicas (soñaba con es puesto), Antonio Canto Uriarte, quien quiere ser alcalde de esta comunidad, cuando en Oxkutzcab se le cuestiona por cierto sector de la sociedad, su actitud gandalla al quitarle, por medio de su esposa, un local comercial que recibía en renta de manos de la señora Celia Herrera Capetillo, de quien abusó de su confianza y buena fe para dejarla sin su patrimonio.