El enfrentamiento -me pregunto: qué de bueno le deja a la ciudadanía- entre síndico Ernesto Martín Mena y el alcalde Juan José Martín Briceño, toma ya ribetes de risa, pues el primer edil, como el puberto que se encanbrona cuando le hacen ver sus errores durante una “cáscara” y quita balón para acabar con el juego, en venganza por los señalamientos del Martin Mena, ha ordenado cambiar la cerradura de la oficina del primero y el candado de la entrada principal del Palacio, a la vez que a prohibido, con regaños, que las secretarias del agua potable le faciliten el teléfono al síndico.
Martín Mena dice que tenía copias de la cerradura y el candado anteriores, pero ahora estan no sirven para nada, ante el derrinche animalesco  del alcalde de Ciudad Silvestre.
Ayer mismo empleados municipales, entre ellos trabajadores de las brigadas, le dijeron al síndico que están dispuestos a apoyarlo si necesita ayuda para hacer alguna manifestación pública.
Empleados que asistieron el lunes al corte de rosca que realizó el alcalde dicen que esta acción se veía venir porque en ese acto el edil estaba enojado y dijo que al iniciar este año hay varios empleados que están “cojeando en sus funciones”, entre ellos el síndico, que “no ha movido un dedo desde agosto”.
Por cierto, el titular del Centro para el Desarrollo Municipal del Estado (Cedem), Wílliam Sosa Altamira, citó a fin de de 2008 y principios de este a ambos funcionarios -supuestamente para limar asperezas- pero el primer edil, literalmente haciéndose al pendejo, no fue a ninguna