Un mal principio
Está por cumplirse una semana de que la nueva administración priísta tomó posesión formal de su cargo y no hemos dejado de observar con lupa las diversas disposiciones que, nuevamente ahora y por segunda ocasión, se están tomando para dirigir los destinos de la población oxkutzcabense.
En esta ocasión he querido reflexionar sobre una muy en particular y es precisamente la anunciada en la misma toma de protesta del actual ayuntamiento, en el sentido de reducir a la mitad los sueldos de los nuevos servidores públicos que acompañan a Juan Martín Briseño en su papel de primer mandatario municipal de Oxkutzcab.
Sin lugar a dudas la ciudadanía en términos generales ha aceptado esta medida como buena, toda vez que está dirigida a reducir el gasto en cuanto a servicios personales se refiere. Sin embargo, hemos de considerar que la medida más que atinada es demagógica y populista, ya que lejos de crear un ambiente sano en las finanzas públicas, da pié a la improductividad, el ausentismo, la búsqueda -o conservación- de chambas alternativas y a la poca disposición para el trabajo público con trascendencia social.
Una “buena” administración pública municipal no necesariamente debe carecterizarse por ahorrar dinero. En todo caso, dicho ahorro debe reflejarse en un aumento aceptable en obras y servicios públicos y, por consecuencia, en la mejora de los niveles de bienestar de la población a la que se gobierna.
Dudo mucho que la reducción del gasto en la nómina del ayuntamiento se traduzca en mayores obras y servicios, pues el dinero “ahorrado” no alcanzaría prácticamente para nada, aunque sí podría ser utilizado -como creo se hace en estos momentos-, para “pagar” favores electorales a ese ejercito de desempleados que hoy por hoy barren, deshierban y limpian la ciudad con el objeto de que se vea trabajo a simple vista y la ciudadanía tome la impresión de que “ahora sí se están haciendo las cosas”. Con mucha mayor razón si consideramos que en los últimos meses de su administarción, Miguel Carrillo casi dejó abandonada la ciudad, esperando entregar su pesado encargo, pues a últimas fechas dio esa impresión con su letargo y valemadrismo con el que trastocó los últimos días de su administración.
Un lider político y social, como se supone que es el actual Alcalde de Oxkutzcab, no sacrifica el bienestar de su equipo de trabajo reduciéndoles el sueldo y dándoles pie para que sigan con segundos trabajos y dejen abandonados sus puestos mientras cumplen con sus “otros patrones”. En todo caso, les debiera exigir voluntad, disposición y trabajo productivo de tiempo completo. Lo que les obligaría a pedir permisos, licencias o bajas temporales en sus “chambas” de “base” y poder dedicarse de lleno a servir al pueblo que los eligió el pasado 20 de mayo.
La comunidad no descansa en el planteamiento de sus necesidades. Los servicios públicos, prestación indiscutible y obligatoria de la autoridad municipal, deben mantenerse activos y productivos las 24 horas del día, los 365 días del año. Y para ello se requieren hombres y mujeres de tiempo completo y con salarios decorosos que les liberen de tentaciones al menos durante su gestión en estos tres años. Después de todo nadie los obliga a enrolarse en el servicio público.
Es casi seguro que la población no pondría objeción alguna en el nivel de los salarios si se reciben a cambio buenos y eficientes servicios públicos, o se atienden sus más ingentes necesidades comunitarias con útiles obras que verdaderamente denoten avance y desarrollo urbano y rural.
Por todo esto es que consideramos que la medida no es atinada, aunque se crea lo contrario. Y ante esto, es seguro que tendremos funcionarios de medio tiempo, quienes después de atender su trabajos primarios (escuelas, negocios, parcelas u otros), den su resto del día a servir al pueblo que los eligió el pasado 20 de mayo.
Consolidar el municipio debe ser el principio. Pero con estas medidas demagógicas y populistas, seguramente sólo se refleja un mal principio.
Hasta otras líneas…