Idea tomada de Francisco Rubiales, periodista español, autor del libro Democracia Secuestrada (Ed. Almuzara, 2005. España)

“No puede haber patriotismo sin libertad; ni libertad sin virtud; ni virtud sin ciudadanos. Crea ciudadanos y tendrás todo lo que necesitas; sin ellos no tendrás sino esclavos envilecidos, desde los gobernantes del Estado hacia abajo”… Jean-Jacques Rousseau

Ahora que estamos cerca de nuevas elecciones es necesario recordar que la democracia es entendida cuando una sociedad libre no es oprimida por poderes políticos, fácticos, ni dominada por oligarquías. Una sociedad es democrática cuando es abierta y cuando el Estado está al servicio de los ciudadanos y no al revés.

Los ciudadanos queremos regresar del exilio y revitalizar una democracia que está postrada, sometida, secuestrada. El ciudadano debe ser de nuevo el protagonista.

El Estado, la institución creada para salvaguardar la paz y la armonía y preservar derechos y libertades, ha sido uno de nuestros mayores fracasos. Asumiendo esto es urgente, entonces, sustituir a este poder por uno más eficaz, que lleve a una transformación social. Necesitamos un giro ético que nos lleve a sustituir el protagonismo atrofiado de las administraciones públicas por el protagonismo de los ciudadanos; a valorar más a la persona, a depositar nuestra confianza plena sólo en lo que podemos controlar muy de cerca.

Nuestra vida, nuestro mundo son demasiado importantes para que deleguemos su dirección y custodia en ineficientes administradores. No olvidemos a Jean-Jacques Rousseau cuando dijo “en el instante en que un pueblo permite ser representado, pierde su libertad”,

Hasta nuestros días quienes administran el poder público han alimentado su poder por encima de cualquier otro. La noche ha sido larga y tenemos políticos desbocados y con sobredosis de poder. Tenemos administradores que hoy aparecen desnudos ante los ojos del ciudadano, mostrando todas sus miserias y mezquindades a flor de piel; desfasados, retrógrados, con la mente atrofiada por el abuso del poder.

En todo este tiempo hemos sido tan insensatos que las puertas del poder común, de la administración de los bienes públicos, están abiertas de par en par a depredadores de bajos instintos y hemos permitido que durante años esos malos administradores nos acosen, nos persigan, nos roben y nos traicionen.

Durante demasiado tiempo hemos sido cobardes y hemos aceptado que nos engañen. No han venido con el cuento de que la política es así, o que en política todo vale, olvidando principios mayores como la primacía del bien común o la prioridad del servicio al ciudadano.

A pesar de las dificultades, aunque el poder disponga hoy de más recursos que nunca para erradicar, externminar a la ciudadanía (miedo, manipulación, disuasión, sanciones y violencia), el ser humano es capaz de dar otro empujón a la historia, abandonar el ropaje del súbdito, del esclavo y volver a colocarse la vestimenta de ciudadano.

No hay otra forma de garantizar el futuro que esta. Aunque algunos hayan alertado de manera engañosa que un exceso de democracia puede poner en peligro las instituciones, el camino correcto ya fue señalado por Alfred Emanuel Smith, cuando dijo que “todos los males de la democracia pueden curarse con más democracia”. En la democracia sólo se hace el camino al andar.